Person-ismo

Las personas son folios blancos,

son pájaros esas que sólo son entes

encerrados en jaulas de plástico

que no rompen por el miedo a salir fuera.
Sueñan por otros, hablan por otros,

mueren y ni siquiera han vivido.
Las personas que yo conozco,

no se reconocen, se sienten verdad,

y de verdad que son mentira.
Copias, opiniones falsificadas,

palabras erradas por lo ajeno,

racismo, egocentrismo,

hasta los mismos estoy de los -ismos.
De las etiquetas que limitan a

esas personas, que, como decía,

cada vez son menos personas.

Sistema salvaje.

Los músculos de la risa

ya no se me agotan.

La represión impuesta no oprime

sino a quien se deja oprimir.

La vida, en segundos contada,

se me hace más bonita y libre desde aquí. 

Yo sólo quiero ser yo, inexcusablemente, indefinidamente. Buscar mi propia vida a través de mi visión sobre la misma.

Sentirme libre estando sola sin sentirme sola estando libre.

La libertad impera sólo en las almas valientes que arriesgan sus cosas por ella.

Se abandonan a lo salvaje, dejando sus tierras, con riesgo de pasar hambre, frío y sólo así, solitarios, encuentran la inexplorada virtud de la soledad.

Saliendo de un sistema que nos quiere esclavos y máquinas y nos controla a través del ocioso miedo. No quiero ser una alienada más atada a una caja tonta que los vuelve obsoletos.

Por eso he salido del sistema, porque quiero vivir la vida plena. Que no sean copias los días, que si yo quiero mañana es día de fiesta y pasado también; sin tener que celebrar ninguna fiesta nacional, que yo no creo en la nación que se me implanta.

Que lo que yo quiero es ser del mundo sin sentir el mundo mío, formando parte de algo que aún no conozco.

Sintiéndome parte de mí misma sin dejar deformar por la sociedad mi espíritu libre de ningún modo.

Sólo quiero ser yo. Más real. Más viva. Eternamente.

Más poesía y menos poetas.

He visto a mendigos con más noches de bohemia que cualquier poeta.
El problema de los poetas es su propio y decrépito ego.
Creerse fin y no transmisor. Mensaje y no emisor.
Ser palabra y no piel. Saberse culto sin conocer nada.
El cáncer de la poesía son los idiotas que leen más diccionarios que miradas, que son más inventos que abrazos.
El único motivo de los poetas, a toda instancia, debería ser vivir y escribir lo vivido. Menos teoría, y más praxis.
En definitiva, no buscar nada más allá, ni fama, ni sexo, ni reconocimiento, vivir por y para la poesía.
Ser más poesía, y menos poeta.

2016

2016, he odiado este año hasta decir basta.

Creo que, haciendo un balance, he tenido alguna que otra tarde buena y un verano diferente. Sin más.

Personas por las que lo hubiera dado todo, y personas por las que lo hice, me fallaron cuando creí que eso era imposible. Todo fue tan convulso, pasé un mes y medio en el que de no haber sido por una persona que demostró ser muy grande, no sé cómo lo hubiera pasado. Y es que ahí es cuando se demuestra todo, cuando estás jodida es cuando de verdad distingues quiénes te quieren y quiénes están sólo para lo bueno. Y aunque sigue doliendo, en cierta manera he cerrado la herida, una cicatriz que a veces late, pero semeja estar curada.

Lo único bueno que saco de esa historia es la lección de vida más importante, nunca confiar con fe ciega. Ahora mi coraza está preciosa y mi muro gélido, pero poco a poco lo iré rompiendo, lo prometo.

Lo más bonito del año fue llegar a una asociación como voluntaria para ayudar a unos chavales que han acabado ayudándome más a mí que yo a ellos. Que me han enseñado que el tiempo vuela, y las sonrisas no deben perderse nunca. Y ése será mi propósito, si es que hay que imponerse alguno, no perder la sonrisa.

Este año he entendido que la familia es la que formas en el camino y no tiene porqué ser forzadamente la impuesta desde el nacimiento. Y es genial haber encontrado a un hermano en ese camino, aunque el mundo crea que somos pareja, o mierdas similares. Somos como hermanos, y tú has sido lo mejor del 2016. Gracias por ser, y sobretodo, por estar. Te quiero.

Autorretrato

Me gusta escribir en servilletas de papel palabras que nunca serán leídas pero odio tener que esconder mi voz. Amo el olor a café caliente y odio el zumo prefabricado. No me gusta desayunar en la cama, pero me pone el amor recién hecho y los polvos mañaneros. Te mato si hablas viendo una película pero deseo que me desnudes o desnudarte si no me está gustando.

No creo en… casi nada. Ni en Dios, ni en el destino ni en todas esas cosas que nos hacen abandonarnos sin siquiera pensar que podemos cambiar algo. Pero tengo esperanza en algunas personas, en la resiliencia y en las posibilidades que nos ofrece la serendipia.

Digo sí a la belleza intelectual, pero no a los que van de algo que no son.

Quiero ser libre aunque las apariencias engañen, y las miradas intenten matarme.

Amo pasar un buen rato viendo fotos antigüas pero detesto el paso del tiempo y mi propia cronofobia.

No necesito que me lleves de compras, pero si me acompañas a una librería y eliges el mismo libro que yo podría enamorarme de ti.

No distingo géneros, no soy puta o señora cuando tú lo decidas. Me gusta ser mujer pero no quiero llevar las llaves agarradas en forma de arma cada vez que llego a casa por la noche.

Me gustan los toros. Vivos. Sin embargo me repugna el maltrato, en cualquier término, sea legal o ilegal.

Hablando de leyes… La única familia real que me representa son mis padres y mi hermano, los de sangre azul son patraña. Por cierto, ni la clase política tiene clase, ni  las clases escolares entienden de política.  Los tres poderes están en manos de quien más puede, y la mano de obra cada vez puede menos.

Me gusta, como decía al principio, escribir. Pero más leer.

Enseñar después de aprender, vivir antes de soñar.

El amor hollywoodiense cada vez me insatisface más, pero amo el amor de verdad, el que planta una sonrisa hasta las orejas y solo te hace ver cosas bonitas.

En definitiva, me gusta lo que me hace ser mejor y me aleja de la suciedad. No creo en el adoctrinamiento social como forma de vida y por eso me fascinan las personas que se acercan al abismo inexistente que nos hace temer esta sociedad.

Me gusta la vida.

La volatilidad del sexo.

IMG_20160510_193203.jpgMe mirarás de reojo y me excitará que lo hagas de la barra del bar a mi mesa. Sé que intentarás ver mi desnudez, recordarás esta última vez en la que nuestros cuerpos sudados se funden.

Debe ser viernes, o tal vez sábado, llegamos a tu casa después de besarnos en la calle, en las discotecas y en el coche de camino hasta este sofá en el que ahora me desnudas con prisa mientras relamo tu cuello.

Me siento a horcajadas con la ropa interior aún puesta, sobre tu cuerpo y noto crecer tu erección que roza mi humedad. “Vamos a la habitación” me dices. Casi volátil y fugitiva subo las escaleras hasta que me agarras la cadera cuando subes detrás de mí, me arrancas todo lo que cubría mi piel dejándome desnuda ante ti.

Me apoyo con las manos en el escalón y mientras lo hago, hundiendo tu cara en mis nalgas, introduces tu lengua en mi sexo empapado de excitación. Ahora tengo tus dedos anular y corazón en mí y comienzas a moverlos muy rápido hasta que te suplico que pares porque quiero correrme contigo. Me giro para besarte, te saco los bóxer y bajo desde tus labios hasta tu entrepierna recorriendo con mi lengua tu torso. Al llegar, comienzo a ensalivarla de arriba abajo con mi boca. Levantas mi mentón para que te mire a los ojos al hacerlo y me susurras -quiero hacerlo ya-.

Me coges de la mano y me llevas hasta tu cama, donde te tumbo y sentada sobre ti, rozo mi clítoris con tu sexo, casi torturándote mientras muerdes mis pezones. Con ayuda de mi mano, hago que entre en mi cuerpo y comienzo a mover suave la cadera, tú me miras y juegas a meter tus dedos en mi boca. Voy subiendo de intensidad hasta cabalgarte y notar el choque de nuestras pieles en cada bajada, tus manos me arañan y me agarran muy fuerte las nalgas. Te incorporas de repente, aún muy dentro y me echas en la cama para ponerte detrás de mí. Te fijas y me susurras que “Qué bonito tatuaje para ver mientras follas”. Te suplico que lo hagas, que vuelvas a entrar en mí y así lo haces. Cada embestida es tal vez más fuerte que la anterior. Me azotas y tiras de mi cabello mientras estoy llegando al éxtasis y justo cuando mis gemidos te hacen ver que voy a llegar, paras de súbito. Me pides que me vuelva a sentar en ti, esta vez al borde de la cama.

Lo hago con ganas abrazada de tu cuello y entonces me recoges las piernas con tus brazos y me levantas al vuelo, con tu erección todavía dentro. Te empiezas a mover así, teniéndome en volandas, y comienzas a embestirme del modo más placentero que me habían hecho nunca.

Tus gemidos se mezclan con los míos, cada vez más fuertes, y cuando yo llego al orgasmo tú das la última embestida liberando en mí todo tu ser…

Qué putada saber que recordaremos esto cada vez que nos miremos de reojo.

“El trino del Diablo”

Me recorre la lluvia mis costillas

como lo hizo su lengua afilada.

Se me encasquilla el alma,

ahora intocable, tocada y violada.

Se me desata la rabia,

sólo respira mi miedo,

me supuran unos pasos

en un cuarto que ya conozco.

Cierro los ojos, empapados de dolor

pero escucho mi nombre.

Abro la boca para gritar

ni una nota emana.

Es el trino del Diablo

vestido de ente corriente.

Mi pesadilla son mis síntomas,

mi trauma mi miedo

y mi propia vergüenza

su ego.